Detrás de página: Julieta Pinasco

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Julieta Pinasco, lectora y editora de textos infantiles y juveniles para distintas editoriales, responde el cuestionario “Detrás de página”.

 

Una pregunta que suele surgirles a los lectores acerca de los autores que leen, es cómo habrá sido su primera relación con la literatura, su inmersión en el universo literario. Porque no siempre se nace en casa de lectores. En tu caso, ¿cómo empezó tu relación con los libros?, ¿en la propia casa, en la escuela, en una biblioteca popular…? 

Empezó en mi propia casa. Mis padres eran lectores y había una biblioteca muy grande. De los tres hijos, solo yo –la mayor– soy lectora. La lectura tenía un valor en mi hogar y en una familia bastante “infeliz” los libros suplieron el afecto y la contención de los adultos en mi vida de niña.

 

Y con respecto a la tarea concreta de la edición, ¿cómo se inició? ¿Hubo algún maestro en tu camino como editor? Y si no hubo alguno de carne y hueso, ¿algún autor que consideres fundamental?

Casualmente, tuve que editar algunas cosas para Santillana y luego fue sucediendo. No tuve ningún maestro. Ni bibliografía. Estudié Letras, no Edición.

 

¿Qué esperás encontrar al leer originales? Es decir, ¿ante qué cuestiones te solés detener para decir: este libro lo vale, hay que editarlo? ¿O no hay, nunca, recetas?

Leo originales de literatura para chicos o jóvenes; y libros de Lengua. En el primer caso evalúo la originalidad de la propuesta, el manejo de la lengua, la estructura narrativa, la pertinencia de los narradores. Para mí un libro sirve cuando me olvido de que es para “chicos”. En el segundo caso, tengo en cuenta que todo lo que se pide que los alumnos hagan se haya enseñado, que no haya errores conceptuales ni metodológicos y, sobre todo, que las consignas sean claras y que el pibe no se pregunte qué le están pidiendo que haga.

 

Hay autores que atribuyen sus inicios en la escritura a que, al leer ciertas historias, se quedaban de algún modo disconformes con lo que habían leído, entonces escribían para enmendar eso, para cambiar finales, para hacer su versión “mejorada” o propia de ciertas obras. ¿Esa especie de sensibilidad u olfato es imprescindible en el caso de un editor?

Yo no creo eso de que una empieza a escribir para mejorar lo que escribieron otros. Yo escribo porque necesito, antes que nada, decirme a mí misma ciertas cosas. La escritura ha ordenado mi vida en cierto modo, me ha dado pausas, aceleraciones y algún tipo de claridad. Empecé a escribir por eso: para mí. Después estuvieron los otros a los que –parece– ayuda mi modo de ver la realidad, mi manera de construir historias.

Eso con respecto a la escritura, la tarea de un editor es otra. Y debe respetar al autor. Sugerir mejoras sin olvidar que no es el autor. Es casi una negociación de partes.

 

¿Qué es editar, para vos? ¿Un trabajo, una adicción, un instinto, un pasatiempo, un arte, un talento? 

Un trabajo. No es lo que más me gusta en la vida. Prefiero leer y escribir.

 

En un libro sobre edición hay un epígrafe de Thomas Fuller que dice: “La cultura ha progresado gracias principalmente a los libros que han producido pérdidas a sus editores”. ¿Qué pensás sobre esto? 

Es una generalización. Lope de Vega fue un escritor exitoso y cambió el teatro universal. No creo que la vara de la cultura –habría que discutir incluso qué se entiende por cultura– pase por una cuestión de mercado editorial y ventas. Por poner un ejemplo claro de otro arte: ¿acaso Van Gogh hizo progresar la pintura y Picasso no?

 

¿Entrás en conflicto a veces con el deseo de imponer tu propio estilo a la obra que estás leyendo, y alterar la voz del autor, o nunca se mezclan los roles? 

No, no entro en conflicto. Mi estilo lo guardo para mis textos. Siempre sugiero, incluso cuando edito libros de aula. Y he aprendido a morigerar la lengua escrita para que sea amable y generosa.

 

El oficio de editar, como el de corregir, es invisible. Los lectores muchas veces desconocen todo lo que sucede con los textos antes de que el libro llegue a sus manos. Pero acá queremos saber, si es que se puede: ¿cuál fue el trabajo más arduo que has encarado hasta el momento, en cuanto a la edición de un texto? ¿Y el más placentero?

Los trabajos más arduos son aquellos en que el libro de texto tiene errores conceptuales o metodológicos y debés corregirlos con sutileza; o aquellos textos que ingresaron y no van ni para adelante ni para atrás. El trabajo arduo es con el ser humano al que debés comunicarle esto, sin frustrarlo. El placentero es cuando el libro marcha y tenés ganas de abrazar al autor.

 

¿Cómo ves el mundo editorial en la Argentina hoy, con las políticas económicas impulsadas por el gobierno actual?

En crisis. Con muchas probabilidades de que solo sobrevivan los grandes emporios editoriales.

 

¿Cómo te llevás con los libros digitales? ¿Te parecen un complemento, un estorbo, algo pasajero, dentro de la industria editorial?

En lo personal me llevo bien. Me resulta cómodo leer un ebook. No soy una fundamentalista del libro de papel ni del digital. Ni siquiera soy una fundamentalista de la lectura. Creo que los seres humanos no son mejores porque leen. Yo no escucho música, por ejemplo, y voy lo más campante por la vida. La lectura, desde la más temprana escolaridad, tiene una carga muy pesada que aleja más que acerca. Coordino el área de Lengua de una escuela muy grande. En la escuela se lee, obviamente; pero las razones por las que un chico se hace lector son enteramente misteriosas para mí. Y me alegra que sea así porque nada me gusta más que comprobar que los milagros se hacen reales y algunos chicos se transforman en lectores.

 


 

Julieta Pinasco es profesora de enseñanza media y superior en Letras modernas (UBA). Postgrado en Lengua, literatura y comunicación (FLACSO). Ha obtenido el Primer Premio de Poesía, Primera Bienal de Arte Joven de la Ciudad de Buenos Aires, el Primer Premio de Narrativa, Fundación El Libro y ALIJA y el Primer Premio de Narrativa en el Concurso Pilar Paz Pasamar, Jerez de la Frontera, España. Autora de libros de Lengua y Literatura y de guías didácticas en Argentina y América Latina; escritora y editora de las editoriales Santillana, Alfaguara y SM; lectora de selección para Alfaguara y Random House Mondadori; jurado de preselección de concursos literarios juveniles para Santillana, Unión Latina y el Ministerio de Educación de la Nación; coordinadora en diversos proyectos de capacitación y promoción de la lectura; coordinadora de Escuela Intermedia, Colegio Tarbut;  asesora pedagógica de Lengua de MacMillan Editores; escritora para Loqueleo, Santillana, Argentina.

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Florencia Lobo

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