Estancia recobrada

http://www.excentrica.com.ar/wp-content/uploads/20180206_164948.jpgEstancia recobrada

Poemas de Ángel J. Martínez Haza, poeta cubano radicado en Argentina. En 2017, Estancia recobrada obtuvo el Primer Premio en el Concurso Provincial de Literatura, organizado por la Secretaría de Cultura de la Provincia de Salta. 

 

Guión

 

Salgo a la terraza umbría

cuando el poblado gira lentamente

y se va achicando en una esquina de la pantalla.

Muchas telas se alzan al viento y caen,

se alzan y caen.

 

Cansado de llevar figuraciones

pido un marco insostenible,

otra escalera.

La memoria nos adormece

con su obstinada banda sonora.

 

¿Me ves, me escuchas

cuando voy a la terraza a contemplar

nuestro reflejo en el borde del ocaso?

Los trapos se levantan al viento,

luego caen.

 

Latidos de un río, habitaciones.

Y ahora ¿quésigue?

Un animal traslúcido,

erguido entre los cables,

anuncia el final

sin perder la isla de su hechura:

campanario vacío

y dos notas vacilantes

que se apagan con la primera estrella. 

 

Vísperas

 

Buscábamos entonces algún artificio,

el viento desmedido y blanco

calmó nuestra sed de irrealidad.

En la calle nos quedamos sin faroles,

como podía suceder los jueves

y asistimos, ingenuos,

a la conjunción de todos los actos

en la última estación.

 

No recuerdo qué ingenié

para demorar el regreso.

Si dije algo quedó prendido

en la madeja nocturna

y la humedad.

Ya no es joven el secreto,

muchas olas desfallecieron

a nuestros pies.

La plenitud se nos ofrece sin rumbos

como una pálida selva de umbrales vencidos.

 

Testimonio onírico

 

Una calle antigua,

sólo para caminantes que elijan la piedra gastada y el musgo,

atraviesa la zona más extraña de la ciudad

junto a carcomidos y amables edificios.

En esta casa lóbrega junto a la rivera

estuve antes, mucho antes,

con el agua creciendo en su patio hundido.

 

Esunacalle cuesta arriba

con portones llamando a estancias posibles.

Allá encuentro la muchedumbre:

nadie me espera,

miran al cielo con asombro infinito.

Yo no miro, no me detengo,

debo seguir la calle

antes que desaparezca entre las brumas. 

 

Velas

 

Corro entre las bocas de metal.

Junto al círculo pobre

la flama de naranjas continúa.

 

Despertar enmascarado

alumbrando los rincones del abismo.

Pino, lluvia, salitre.

 

El delicado temblor de los eventos

cuando se integran en la ronda,

cuando se hacen humo con el humo. 

 

Samsara

 

¿Qué puede cambiar lo riguroso

cuando tu reflejo deslucido

y el goteo arrítmico de la memoria

dan paso al andar en calma

por la segunda faz del mediodía?

 

Todo lo que se aleja

conforma nuestro cuerpo.

 

¿Alguna vez me pensaste,

quizás en un descuido de esa realidad

que nos desprendió las emociones

en la única edad para ser libres?

 

Alguna vez, entre los pequeñísimos

momentos de claridad

que cada tanto y tanto

se incorporan al destino.

 

Clusters

 

Vagamos junto a una gran extensión.

 

Un buen día

miras sobre tu hombro

y no te agrada

ser el que pareces.

 

A veces queda demasiado abandono

entre dos sueños

contando, sin embargo, la misma vida.

 

Aprende a usar la sangre,

sus arreglos.

 

Permanece en la ventana

o cubre sus ojos con trapos

untados en llovizna y azafrán.

 

Está oscuro hacia adentro.

 

Vanos conjuros

 

Escuchaste una frase desnuda,

radiante, casi en nuestro idioma.

Es fácil adivinar un tibio escondrijo

al amparo de esa voz.

Curiosa,

vuelves a deducir el espacio,

las reacciones.

Hay una lámina de agua

que no sabes traspasar.

Vanos conjuros:

tu imagen llega difusa

al otro lado de la lluvia.

 

Después

 

algunos dicen

todo fue muy bien

cómo no

muéstranos tu violín

lentos se despiden

como espectros al amanecer

hay un segundo de viento sobre las cabezas

casi un alivio

esquinas del sonido que persisten

después

cuando nadie recuerda

y volvemos solos entre los charcos

cuando todo acaba en un gesto difuso

aparecen las heladas criaturas y comienzan a reír.

 

De paso

 

Sobre el muro se sientan

a mirar constelaciones,

en el salitre, en la piedra

de vencer marejadas.

Abrazados

anuncian la gloria

que sucede en otro sol

y otros designios.

Pero nunca sobre el muro

confesaron los escombros,

tampoco ahora en el suelo espejado

donde se acomodan

mirando a un horizonte seco

y sin navíos para soñar con el levante.

 

Regazo.

 

Fuimos añadidos

a la perfecta conjunción de suavidades

y penumbras,

porque tienes esa rara habilidad

de ennoblecer el polvo

y a veces también el infinito.

 

Caemos en la superficie

donde tantas historias se deshacen,

donde alcanzamos tu suerte,

apacible rincón de casa,

como entrando definitivamente

a un país de alegres olvidos.

 

Ángel J. Martínez Haza nació en Matanzas, Cuba en 1979. Escritor y músico. Licenciado en el Instituto Superior de Artes, Universidad de las Artes de la Habana. Recibió el Premio de Poesía de la provincia de Salta en 2017 y el Primer Premio de Poesía El Zorzal, Buenos Aires 2011. Fue galardonado en los certámenes literarios Bonifacio Byrne 1986 y Heptagrama 2011. Ha publicado Diálogos del encantador (Vigía 2006), La forma de un sueño (Matanzas, 2008), Reino y travesía (5 sentidos NOA 2013) y Estancia recobrada (Fondo Editorial 2018). Muchos de sus escritos aparecieron en revistas culturales como Vigía, Matanzas y Punto cultural, así como en antologías poéticas de Argentina, Cuba y España. Desde el año 2008 reside en Salta, donde realiza una labor activa como concertista.

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Excéntrica

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