Glosa continua. Ensayos de poética

http://www.excentrica.com.ar/wp-content/uploads/Mercedes-Roffé-x-Constanza-Niscovolos.jpgGlosa continua. Ensayos de poética

Fragementos del libro de ensayos de Mercedes Roffé editado por Excursiones (2018)

 

Prólogo

 

Este libro surge en principio como un diálogo casi personal con algunos ensayos literarios o filosóficos que me atrajeron particularmente, como Idea de la prosa, de Agamben, Letra herida, de Nuria Amat, El autor y la escritura, de Jünger, o el fundante Livre de lectures de Marthe Robert. De ellos, quizás, algunos de los temas iniciales que dieron materia a mi escritura.

 

Pronto, esas notas se fueron independizando y buscando otras fuentes de diálogo, sus propios “textos maestros” a los que afiliarse como un comentario o una nota al pie –no por pudor o modestia, sino por la potencialidad que asocio a este tipo de márgenes, y la atracción que despiertan en mí, en la medida en que abren otros espacios de meditación posibles, otras poéticas de la reflexión.

 

Así, la inagotable sensatez de Canetti, algún pasaje de Cioran o de María Zambrano, de Cixous o de Gottfried Benn, Formas breves de Ricardo Piglia o Poesía etcétera de Jacques Roubaud, fueron sirviendo, cada cual a su modo, de nuevas guías o interlocutores. Los temas y motivos de interés se fueron así expandiendo para dejar entrar también materias no exclusivamente literarias: una muestra de pintura china de los dos últimos siglos; consideraciones alrededor del tema de la traducción; la lectura de los románticos; la concepción del desnudo en Oriente y Occidente; el arte de los simbolistas y las diversas posibilidades de entrar en contacto con su mundo y sus obras.

 

Pero mal se haría en limitar esas fuentes a aquellos textos de reflexión escritos exclusivamente por escritores. Ensayos de poética, reflexiones sobre el propio hacer y sobre lo que lo circunda, son también los escritos de Chillida, los de Tapiés, los de Antonio Saura, los de Cage, los de Louise Bourgeois, los de Satie, las parcas pistas que adelanta Pärt sobre sus composiciones; las múltiples entradas a su universo que David Lynch facilita en todos los soportes posibles . . .

 

Estas son las líneas que desembocan en Glosa continua. De allí quizás su inmediatez y sus desvíos. Esta es su genealogía y su marco de referencia; esta la caja de resonancia que hizo posible este diálogo sostenido, múltiple y abierto, paradójicamente tan cercano a un monólogo interior.

 

 

 

 

 

 

* * *

 

 

En el primer encuentro del taller de escritura que dictó en Harvard, el 5 de enero de 1966, Elizabeth Bishop confronta así a sus alumnos:

 

you seem to write a lot of free verse out here. I guess that’s what you call it. I was rather appalled. I just couldn’t scan your “free verse”—and one can scan Eliot. I think some of you are misled about free verse. It isn’t that easy. Look at Eliot—you can scan his descriptive pieces about Cape Ann perfectly, and the same goes for The Four Quartets and The Waste Land.  Elizabeth Bishop[1]

 

Y procede a leer en voz alta un pasaje de Tierra baldía.

 

 

 

* * *

 

 

Hay visiones. Visiones del hambre y de la droga. Visiones de la contemplación y de la abstinencia. Hay visiones como las de Hildegard, como las de Buda, como las de los místicos de Tudela y Safed. Visiones de la ceguera y visiones  de la ensoñación. Y hay visiones entre la vida y la muerte, entre la vigilia y el sueño, entre el sueño y el despertar.

 

La pregunta es: ¿Hay representación? ¿Da acceso la visión a alguna realidad otra? ¿O hay sólo eso, la imago –esa alucinación, esa fantasmagoría–, y con eso sería ya bastante –bastante vértigo o bendición?

 

¿Hay correspondencia alguna entre la visión y otra cosa? ¿es necesario hacerla correlativa a algún tipo de verdad, de mundo, fuera de ella misma? Y en ese caso, ¿como vía hacia qué?

 

Y hay ideología. Quiero decir: lo aprendido, lo esperable. Que a Teresa de Ávila le haya sido dado ver la Humanidad de Cristo y no el Carro de Ezequiel. Que al boddhitsava le sea dado ver la conexión entre todo lo vivo y no la orgiástica intuición del Día del Juicio que vio Miguel Ángel a pedido de Roma.  Que a Michaux en sus viajes con mezcalina no le fuera dado ver ni la interconexión de todas las cosas ni la extremada gloria del Hijo de Dios, sino una enloquecedora sucesión de puntitos…

 

En todo caso, ¿por qué cualquiera de estas visiones habría de corresponderse con algo –algo, más allá de sí misma? Más aun, más allá de la literatura, la mitología, de la que bebió aquel o aquella que ayunó o ingirió.

 

Imperfecciones todas; anécdotas previas a la plenitud sonora del vacío.

 

 

 

* * *

 

 

Aun cuando lo trascendente no llegue a ocupar, cuantitativamente, más que un ínfimo porcentaje de cualquier vida regular, secular, laica, entiendo la vida como una experiencia fundamental-mente espiritual. Es ese porcentaje ínfimo, o siquiera la intuición de ese vislumbre, lo que sostiene la credibilidad de todo lo demás –su arquitectura callada.

 

La mayor parte de nuestra vida es ruido, tiempo profano. El trabajo está concebido de modo que no es sino el principal instrumento de alienación. Invasión, por lo general innecesaria –quiero decir: desproporcionada, no sólo con respecto al tiempo que le insume al trabajador, sino también a los bienes que produce. Una gran máquina de perder tiempo, de alejar al ser humano de cualquier sosiego, de cualquier intuición, de cualquier experiencia íntima y verdadera, siquiera a partir del contacto no mediatizado, no ficcionalizado, con sus propios problemas.

 

 

 

* * *

 

 

Tal vez temiendo ver derivar en caos el trabajo de toda su vida  –sus “pensamientos del alba”– fue que Valéry dio en proponer una serie de categorías bajo las cuales organizar el maremágnum de notas que conformarían los 29 volúmenes de sus Cahiers publicados póstumamente.

 

Sin embargo, ¿quién podría negar que lo que lo movió durante la mayor parte de su vida a apuntar esas notas no fue sino la voluntad de dejar un registro de lo que más tarde otro filósofo llamaría los “movimientos del pensar”? Era, precisamente, esa errancia, ese deambular, ese constante devenir y rearticularse del pensamiento –de las ciencias a la literatura, de las matemáticas al eros, del dibujo a la política o la psicología– lo que estaba en el punto de miras del autor: algo como hacer de sus cuadernos la imagen magnética no de sus pensamientos, sino de su pensar, del humano pensar.

 

Malhaya, entonces, las ediciones que deciden seguir aquellas pistas, apuntadas como a contrapelo del deseo que signó la escritura de esos carnets. Pues si de lo que se trataba era, precisamente, de dejar huella del constante trabajo del intelecto, ¿cómo justificar el artificio que supone fijar en temas tan sostenido nomadismo?

 

Asistimos así a un esfuerzo que en vez de revelarnos el funcionamiento del mismísimo acto de reflexionar, nos depara un numeroso cúmulo de reflexiones prolijamente catalogadas bajo los títulos: Cuadernos, Ego, Literatura, Poética, Poesía, Temas, Eros, Ciencia, Matemáticas…

 

La máquina de maquinar ahogada por la compulsión clasificatoria.

 

 

 

* * *

 

 

Experimentación, permisividad, y la necesidad y la alegría de volver a nombrar las cosas primordiales.

 

 

 

* * *

 

 

¿Qué es el misterio, qué es lo “misterioso” en poesía?

El misterio, todo lo desconocido que la poesía revela. Lo misterioso, que ciertas palabras se amen, o se imanten.

 

 

* * *

 

 

¿La función del/la poeta? Desaparecer. Dejar que las palabras hablen precisamente allí donde él/ella deja de interponerse.

 

 

 

 

[1] Conversations with Elizabeth Bishop. Edited by George Monteiro. University Press of Mississippi, 1996, page 40.

 

MERCEDES ROFFÉ es una de las voces de la poesía argentina actual de mayor reconocimiento internacional. Libros suyos se publicaron inicialmente en España y Latinoamérica y, en traducción, en Italia, Quebec, Rumania, Francia, Inglaterra y Estados Unidos. Su poemario La ópera fantasma (Vaso Roto, 2012) fue elegido uno de los mejores libros del año por dos prestigiosos periódicos mexicanos. Le siguió Carcaj : Vislumbres (Vaso Roto, 2014). En 2012, la editorial Amargord reedita su Canto errante seguido de Memorial de agravios (Colección Transatlántica) y publica la compilación de entrevistas a la autora La interrogación incesante 1996-2012 (Colección ONCE). En 2016 se publica en Sevilla su Diario ínfimo (Ediciones La Isla de Siltolá). En 2017 se publican en Latinoamérica tres antologías de su obra: El Michaux (Tintas) y otros poemas (Puebla, BUAP), Todo alumbra (Quito, El Ángel) y El desierto y el oro (Sgo. de Chile, RIL/Aérea).  Desde 1998 dirige Ediciones Pen Press.  Entre otras distinciones, recibió las becas John S. Guggenheim (2001) y Civitella Ranieri (2012). Desde 1995 vive en Nueva York.

Foto de Constanza Niscovolos

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