Importancia de la crítica en la constitución de la literatura en situación patagónica

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La crítica en la Patagonia es un ejercicio que usufructa distintas teorías para analizar el funcionamiento del campo literario y ha conformado una biblioteca que potencia la poética y la narrativa producida en la región. Este artículo es otro aporte a la discusión(1).

“Hoy en día la crítica carece de toda función social sustantiva. O es parte de la división de relaciones públicas de la industria literaria, o es un asunto privativo del mundo académico”.

Terry Eagleton(2)

Citar para situarnos, citar para comulgar, citar para discutir. La cita como suplemento de la hipótesis que se traza sobre lo escrito, sobre lo pensado, sobre lo atribuido. En la cita se coteja la materialidad del campo literario, también se evidencia la densidad de los bienes simbólicos. Tanto en la jerarquía tutelar como en la articulación institucional se encuentra manifiesta la episteme que se constituye como eje ordenador de determinado bloque histórico, estableciendo y garantizando su propia hegemonía. La cita es un interdicto en el discurso del poder. La cita literaria es el más acabado axioma del recorte y de la legitimación, es la promotora de los mapas de lectura, es la que enmarca la tradición selectiva y la que abona, en definitiva, el tributo de la pertenencia. La cita es el nexo o la junción que justifica a la misma literatura: la une, la despliega o bifurca, la nutre, la interrelaciona o desencaja. La cita se comporta como fenómeno intertextual, como dato y guía. En su función instrumental la acumulación de citas conforma y multiplica la biblioteca. La cita literaria es la autoridad que otorgan o condonan los predecesores. Citar es interpretar. Citar es resignificar.

La cita se acopla a la columna vertebral de la crítica literaria, es decir, al lenguaje como lenguaje. Señala Roland Barthes: “la actividad crítica debe contar con dos clases de relaciones: la relación entre el lenguaje crítico y el lenguaje del escritor analizado, y la relación entre este lenguaje-objeto y el mundo. La ‘frotación’ de esos dos lenguajes es lo que define la crítica”(3); o sea, el lenguaje segundo, o meta-lenguaje, el discurso de la crítica, es discurso sobre un discurso, es cita (obligatoria) sobre el lenguaje-objeto, se manifiesta y se hace patente sólo en la “frotación” con lo literario.

Desde los textos se organiza (en realidad, desde la herramienta “texto” se fundamenta, se cimienta, se instituye) la etapa de la dominación cultural. El “poder” es el que nombra y posee la prepotencia del orden del discurso, es la fuerza que ha materializado y plasmado en signos lo antiguo y la novedad, por ende enuncia la tradición y bautiza lo emergente, lo hace relato, forja, concretamente, la marca(4). Es necesario leer lo que se dice que se dice sobre la otredad, los modos con que el discurso dominante refiere al dominado(5). Pues la retórica hegemónica crea/recrea el imaginario colectivo, tiende sus hilos a través del discurso social, engendra su propia sociedad de discurso. Las retículas del poder contienen también el balbuceo del subalterno, lo incluyen, y éste sólo puede hablar en esa lengua, reproducirla, citarla, y puede convertir a la cita en contradiscurso.
Desde ese estado de emergencia sería posible interpelar a la literatura mayor, a la literatura argentina; es decir, repensar ―apelando a la crítica literaria― el cuadro de situación de los autores que escriben “literatura en situación patagónica”, como plantea la profesora Gabriela Luque.

Bajo esta perspectiva de análisis, los escritores contemporáneos que componen sus obras viviendo en la Patagonia lo hacen, podría señalarse, en y desde lugares cuasi marginales, periféricos dentro de la misma periferia; considerando el predominio de un centro de poder donde se toman las decisiones políticas y, por ende, culturales. Sin embargo, conociendo (e identificando) los dispositivos en donde se dirimen las batallas culturales, sería posible instrumentalizar una réplica desde el mismo oficio de la palabra como también ignorar esos posicionamientos en el campo literario nacional. Lo que no quiere decir que la escritura en el sur del sur esté ajena a la serie literaria de la región y mucho menos enajenada del mundo ―como podría insinuar algún incrédulo obnubilado por las europas―. Acorde a dicho correlato, debería importar mucho más la elaboración de una obra sólida que dónde y cómo se legitima el corpus literario, porque a pesar de los relegamientos del “poder” se construyen poéticas densas y representativas en este territorio que siempre fue vapuleado por los organizadores del imaginario de la Nación. Y esta multiplicidad de autores no escriben a destiempo ni a contramarcha de lo que se debe publicar según las reglas al uso y la moda impuesta por el mercado, sino que adscriben a una poética esencial parida del diálogo con la tierra que rezuma junto a un pasado que no calla (ni otorga olvido). Y no se habla de literaturas caratuladas como regionalistas, se habla del canto y del tono cimarrón que tan bien definiera el poeta y periodista Gerardo Burton.

Definen Gilles Deleuze y Félix Guattari que “una literatura menor no es la literatura de un idioma menor, sino la literatura que una minoría hace dentro de una lengua mayor”(6). Se resalta como particularidad el hecho que una parte de esa minoría hacedora y constructora de sentidos está instalada en Patagonia, y escribe, poetiza y hace crítica(7).

Considerando el artículo de los pensadores citados deben releerse en otra clave a las obras del acervo cultural patagónico, porque una “de las características de las literaturas menores es que en ellas todo es político”. Ese quehacer conlleva a destramar un tejido cargado de secuelas, heridas y olvidos que irrumpen en cualquier instante, una impronta —debido a que los hechos son sucesos históricos y cotidianos— que se conecta de inmediato con la acción política, y la literatura, tarde o temprano, dará cuenta de ello.
En consecuencia, toda construcción cultural requiere de un proceso político, donde queda expuesto lo social a su arbitrio, a su mandato, y a la vez se impone un disciplinamiento con sus propias “estructuras estructurantes”, aunque haya resistencias y mediaciones. Pero para instaurar esa hegemonía se debe constituir una biblioteca, formular listados, enunciar catálogos, instaurar archivos. El poder subvierte lo pre-existente, rebautiza, suplanta. Detallan Tomás Eloy Martínez y Susana Rotker: “Narrar era conquistar. Narrar era escribir la ley, la legalidad y la legitimidad. Era encontrar un discurso que ordenaba lo real, y al ordenarlo, establecía las fuentes de la autoridad que lo regía”(8). Por ello la relevancia de la biblioteca, porque “Las bibliotecas, entonces, eran el lugar de lo irreal, o si se prefiere, el lugar de lo ideal; eran el reino que preservaba lo que debía ser, no lo que era”(9). Sobre sus cimientos se funda la ciudad letrada, desde donde opera y disciplina el mandato del vencedor, permeando las directivas y ordenamientos antecesores, por lo tanto el espacio (espacio de debate) es reconstituido por la interacción de las relaciones sociales, las instituciones culturales y las formas moldeadas y revulsivas de la subjetividad.

Según Jean Pierre Faye “el proceso de la historia se manifiesta en cada instante como doble: acción y relato”(10). La historia sería entonces un proceso o acción real y a su vez un relato que al enunciar lo acontecido produce la historia misma. El relato de la historia es sólo posible por medio de la narración de lo ocurrido; por lo tanto es transhistórica y transcultural. Esta resignificación se hace sobre la base de lo sucedido, sobre lo dicho y lo escrito.

De la cita, del relato, de la sociedad de discurso es necesario nutrirse para dilucidar el estado de emergencia, entrever la realidad pero también el campo ficcional que se monta a través de los bienes simbólicos. Recurrir al archivo sirve para soterrar lo que fue invisibilizado, también recuperar tramas, comprender los procesos, indagar, y fijar la toma de posición. La pluralidad de voces es un bosquejo en que puede explayarse un ejercicio de reconocimiento, un ejercicio de disputa del modo de “contar”.

Ante lo expuesto, apelando a la crítica, la pregunta sería ¿cómo se ha narrado la Patagonia y en la Patagonia? ¿cómo se narra la Patagonia y en la Patagonia?

Silvia Estela Casini, de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, indica:

“El espacio patagónico fue caracterizado de manera homogénea a partir de un discurso foráneo relacionado con prácticas imperiales de apropiación del espacio. Se configuró, así, una red textual (que hemos denominado ‘texto fundador’ del espacio patagónico)”.(11)

Laura Pollastri, de la Universidad Nacional del Comahue, refiere:

“Los modos que Occidente ha forjado para leer la Patagonia […] Nuestra Patagonia doméstica ―en el sentido de domus, hogar, lugar en el que desarrollamos nuestra vida cotidiana―, es un lugar de enunciación a contrapelo de las utopías de Occidente, y aunque se insista en instalar en ella una reserva de otredad maravillosa, nuestra mirada está obligada a deconstruir los aparatos y los modos con los que Occidente lee el mundo”.(12)

Expone María Gabriela Rodríguez, también de la Universidad Nacional del Comahue:

“La Patagonia se conforma como tal a partir de los relatos que la nombran, la constituyen, la recrean, y le dan existencia como espacio simbólico”.(13)

Estas docentes e investigadoras citadas deconstruyen y desmontan el discurso que ha legitimado el relato sobre la Patagonia, resemantizan la productividad significante dependiente de la mirada etnocéntrica europea, cambiando el horizonte de expectativa. Y esto fue posible gracias a la crítica literaria, a la aplicación de la teoría para analizar la literatura y la cultura.

En los últimos años se han publicado muchos artículos, ensayos, papers, ponencias, de investigadores, profesores, estudiantes y escritores que residen en la Patagonia(14), y esto conforma un corpus importante de bibliografía, en donde subyace la “lectura” de la representación literaria del espacio patagónico. Ante el reconocimiento de una dinámica cultural impuesta surge la necesidad de revisar los textos que refieren el pasado. Entonces los autores contemporáneos reescriben con una perspectiva distinta de la que fue heredada y multiplicada en los sistemas modelizantes secundarios (la literatura en sí). Por eso los ideologemas(15) fundacionales entran en crisis; en consecuencia prospera otra resignificación de lo escrito y de lo que se escribe respecto al territorio, sobre la “literatura en situación patagónica”.

En ese sentido hay escritos que son insoslayables, y que sirven, de alguna manera, para “interpretar” qué se codifica, qué se legitima, en tanto y en cuanto a producción literaria en la Patagonia. Además en el análisis de ese corpus se pueden evidenciar los constantes reacomodamientos del campo literario, acorde al funcionamiento del campo del poder. Y en ese entresijo se encuentra la crítica, porque no escapa ni puede evadirse de tales determinaciones(16).
Además de los textos citados habría que recurrir a una bibliografía que crece y se actualiza de forma continua; bibliografía que tuvo, por momentos, una consecución fragmentada, en otros, la distribución atentó en su conocimiento como en la posibilidad de interacción.
Muchas ponencias que se presentaron en congresos universitarios o encuentros de escritores se han destacado por su perspectiva de trabajo y aplicación de teorías, las cuales abrieron el panorama a veces cerrado, a veces tecnificado a su máxima expresión de la academia. Esos ensayos y ponencias contenían en interesantes punto de vista sobre el fenómeno que se caratula como literatura escrita en Patagonia.
La profesora Viviana Ayilef expone esta situación en el artículo “El patrocinio de los lugares comunes (Señales del tránsito literario en Patagonia)”:

“La crítica y la Academia en nuestra región han sido muy fructíferas en el estudio de estos textos (pienso en Pigafetta, en Darwin, en Musters, en Chatwin, en Hudson) o en la lectura de las miradas de escritores argentinos ―consagrados también― sobre esta Patagonia. Pienso en Payró, en Giardinelli, Roberto Arlt. […] Sin embargo, vale mencionar aquí que metodologías de trabajo como la de Ariel Williams, desde la cátedra específica de Literatura Patagónica, de la institución instituyente por excelencia, proponen una forma diferente de lectura: desde una concepción del canon como algo que fluctúa o se cuestiona, desde el desplazamiento permanente del objeto. Esa ruptura se evidencia en la incorporación año tras año de un corpus diferente y contemporáneo de lectura, y en la profundización desde los postulados del Neomarxismo o Materialismo Cultural, de los debates en pugna en ese campo cultural. Claro que Williams […] como Ricardo Costa, Sergio De Matteo, Claudia Sastre, Raúl Artola, Juan Carlos Moisés, Liliana Ancalao, entre muchos otros, han creado vías alternativas a la crítica académica, con amplios canales de circulación por fuera del camino señalizado de la lectura patagónica, por fuera del patrocinio del canon nacional como referencia autorizada”.(17)

La codificación de la realidad por medio de los discursos va acumulándose como capas geológicas. Uno de los modos o formatos para representar lo real es la misma literatura, donde se apela a lo imaginario y a lo simbólico. Las formas literarias se constituyen, así, en relato que interactúa con el discurso social, con el discurso político, por sobre todo porque el signo es de carácter ideológico. Lo fundamental es comprender al conjunto (la producción sociocultural) en su misma diversidad, en su proceso dialéctico; pues todos los factores y fenómenos culturales y sociales se ponen en juego, todo es reflejado y refractado en los respectivos “textos culturales”.
La palabra está viva, porque nace en el interior del diálogo como respuesta y réplica ideológica. La interacción se da entre las palabras, en el universo de las palabras. La ley del lenguaje es la lucha por el signo, por el discurso o la puesta en discurso (“el discurso del saber quiere ser discurso de poder”, ha dicho Jacques Lacan) que, a su vez, representa y comprime puntos de vista sobre el mundo, formas de conceptualizar las experiencias sociales. Cada punto de vista está marcado por entonaciones, valores, verdades y significados diferentes, porque la disputa por los signos no es otra cosa que la lucha de las mismas fuerzas sociales.

De un lado y del otro están las interpretaciones, el crítico ruso Mijaíl Bajtin ya había señalado que “todo signo es ideológico”. La ficción no escapa a este mandato, la poesía tampoco, al igual que el ensayo y la crítica. La representación que se trata en un relato, en un poema o en un ensayo se destaca por su densidad política, por su porosidad política, por el recorte y selección, por la construcción significativa que se hace sobre lo real en términos ideológicos. En consecuencia, así como hay una escritura, también hay una lectura desde algún lugar. Y quien realiza crítica también lee, interpreta, hipotetiza, ubica dentro de un contexto a la literatura y al análisis literario. La frotación de los dos lenguajes ―el del ensayista con el del escritor― patentiza y evidencia la acción crítica. En términos políticos, sociales y culturales no puede haber un no-lugar; la neutralidad se pretende apolítica pero no puede decirse que en la misma negación no hay política, que no hay relato. Aunque la posmodernidad haya insistido con el fin de la historia, intentando difuminar las tradiciones y los metarrelatos, siempre existe el punto de vista, siempre habrá toma de posición. Se lee y se desentraña desde un lugar, tanto desde la lectura como desde la escritura. Los modelos epistemológicos anteceden a toda producción significativa, y estos modelos se imponen en la etapa de formación, después, dentro de lo posible, se eligen. Las elecciones intelectuales están determinadas en principio por la familia, después por la escuela, sentencia el sociólogo Pierre Bourdieu. Por eso el pasado incide sobre las posibles elecciones, sobre las posibles lecturas, sobre las posibles escrituras.

Así como los artistas brasileros implementaron en el siglo pasado la antropofagia, cuando propusieron que “ante a la poesía de importación, poesía de exportación”; la crítica desde la Patagonia debería instrumentar una estrategia similar, una apropiación de la metodología, pensando a la misma como una antropofagia de las teorías(18). Valerse de la canibalización (y carnavalización) que sirva como andamiaje y potenciador de las producciones literarias de la región; y esto se piensa más allá de la lucha agonística que propende el campo cultural tanto a las obras como a los autores. Muchas veces esta situación en donde traccionan conocimientos, posturas ―e imposturas― que incurren en el funcionamiento del campo intelectual, las revoluciones, las experimentaciones, llegan primero por parte de los creadores; dando de esa manera los elementos o las vías para que la crítica explique, interprete e historie el proceso literario.
La poeta e investigadora Claudia Sastre conjuga ambas prácticas significantes (la poesía y la crítica) y lo deja manifiesto en el poema “engranaje by ferdinand”. Con ese texto se podría sustentar todo lo antedicho y dejar abierto, además, los cuestionamientos y los interrogantes a lo expuesto, porque la cultura ―en términos griegos― no es un ergon, una cosa dada y definitiva, sino una enérgeia(19), algo que se encuentra en movimiento, en construcción y deconstrucción constante, en trance, como la misma esencia de la literatura o la creatividad.

Un poeta monta un engranaje/ luminoso en su poesía/ un crítico intenta hablar/ de y sobre sobre esa luz/ y monta otro// quiere escribir crítica/ pero sale poesía// qué hacer con eso?// Ausencia?// O presencia plena?/ El engranaje del engranaje suena/ y es suficiente// el engranaje del engranaje canta/ eso es la música/ aunque se monte sobre lo imposible/ de decir, seguirá diciendo/ su número infinito/ todo su temblor (20)

NOTAS

1. Publicado en Mauricio Robles, Gabriel Arancibia y Lorena Wajdzik (compiladores). Seis momentáneos lapsos. Conversaciones hacia el adentro de la literatura y sociedad en la Patagonia. Trelew: La Galera ediciones, 2014, pp. 55-59.

2. Terry Eagleton. Función de la crítica. Buenos Aires: Paidós, 1999, p. 9.

3. Roland Barthes. “¿Qué es la crítica?”, en Ensayos críticos. Buenos Aires: Seix Barral, 2003, p. 349.

4. Pocas veces el poder de la palabra escrituraria asoma con tanta nitidez como cuando se leen las crónicas de Indias, las primeras historias del Nuevo Mundo. Es en el orden del discurso y no en el orden de lo real donde todo se nombra por primera vez. El discurso escriturario construye (o re-construye, o crea) los documentos sobre los que se erigirá la historia legitimadora. La narración fija las marcas de lo real, establece los códigos, los límites, los linajes.” Tomás Eloy Martínez y Susana Rotker, “Oviedo y Baños: la fundación literaria de la nacionalidad venezolana”, en José de Oviedo y Baños. Historia de la conquista y población de la provincia de Venezuela. Caracas: Biblioteca Ayacucho, Colección Clásica N° 175, 2004, pág. XVII.

5. “Esa dificultad extrema para entender “lo Otro” impregna todos los textos que darán origen a las literaturas latinoamericanas, al menos hasta las primeras victorias independentistas. La extrañeza está siempre allí, como referencia y como pauta, aún en obras que se escriben desde la mirada del diferente.” Ibídem, pág. XII.

6. Gilles Deleuze-Félix Guattari. Kafka. Pour une littérature mineure. París: Les Éditions de Minuit, 1975.

7. Para sopesar la complejidad del campo intelectual patagónico es necesario hacer algunas digresiones. Primero, se debe resaltar que aún perdura la incidencia política del exterminio instaurado por la hegemonía para cimentar sobre los vencidos el estado moderno (y también el estado de carácter fascista). Se denomine Argentina o Chile (se nombra a este país porque coexiste una matriz cultural que sigue vigente), el caso es similar, se destruyó a través de un etnocidio programado a los pueblos originarios, y también de un genocidio a las formaciones ideológicas, para usufructuar los territorios rapiñados, la fuerza de trabajo, esclavizando o desapareciendo a hombres y mujeres que eran libres por garantía de la constitución tantas veces redactada y refrendada.

Si se piensa en una literatura que incluya a todos los agentes productores se deben considerar todas las poéticas menores, y más allá del canon que consagre el campo literario —merced a publicaciones, merced a premios—, es imperioso reinterpretar que una lengua mayor nos ha dictado hasta ahora las coordenadas para la escritura, dejando las lenguas subalternas sin radio de acción dentro de la institución, es decir, repujándolas a los márgenes, condenándolas casi a una muerte simbólica, pero aún así hay y se palpa por la variedad y cantidad una “literatura en situación patagónica”.

En los trabajos de análisis, muchas veces, se simplifica demasiado, y parece que escribir en Patagonia es hacerlo solamente en español, es decir, en la lengua dominante o lengua mayor. En contrapartida los estudiosos de la literatura patagónica deben —en algunos casos paradigmáticos se hace— considerar cada uno de los idiolectos con los que fue nominando su historia y memoria, articulando los bienes culturales de los pueblos originarios junto a los procedentes de una tradición tan fuerte dentro de la poesía como los galeses.

8. Tomás Eloy Martínez y Susana Rotker. Op. cit., pág. XX.

9. Ibídem, pág. XXVI.

10. Jean-Pierre Faye. Théorie du récit. Paris: Hermann, Col. “Savoir”, 1972.

11. Silvia Estela Casini. Ficciones de Patagonia: la construcción del sur en la narrativa argentina y chilena. Rawson: Fondo Editorial Provincial Chubutense, 2007.

12. Laura Pollastri, “Las coordenadas del laberinto: patagonia argentina y escritura”, en IV Encuentro de Escritores, Esquel literario 2009, Esquel, 2009.

13. María Gabriela Rodríguez, “Patagonia: el poder está en el nombre que la nombra”, en 4° Jornadas de Historia de la Patagonia (CD), UNLPam, Santa Rosa, 2010.

14. La página www.revuelto.net fue un sitio desde donde Cristian Aliaga abrió un intersticio en los links del mundo global e irrumpió, de modo virtual pero real, toda una literatura y un arte pergeñado en el Sur. Muchos productores culturales venían desde antes dándole sentido a la producción cultural patagónica, claros ejemplos son la revista Coirón y Cavernícolas, los grupos Poesía en Trámite y Canto Fundamento. Otros continuaron ese trabajo a través de la red, en las imprentas o en la organización de encuentros en la Patagonia. Se crearon institutos y cátedras para estudiar esa “literatura” en distintas facultades, editoriales, revistas y suplementos culturales para publicar ―Editorial Universitaria de la Patagonia, Revuelto Magallanes, Libros Celebrios, Editorial Limón, Bogavante, Vela al viento, Tela de rayón; Patagonia/Poesía, Museo Salvaje, Confines, El Camarote, Verbo Copihue, Caldenia, Tinta China―, encuentros y congresos para difundir y debatir ―Encuentro de Escritores Patagónicos (Puerto Madryn), Culturas del Sur del Mundo (Trelew), Jornadas de Literatura Patagónica de la Universidad San Juan Bosco (Trelew), Feria de la Palabra (Comodoro Rivadavia), Jornadas de Literatura Argentina en la Patagonia de la Universidad del Comahue (Neuquén), Conversaciones de Otoño (General Roca/Fisque Menuco), Esquel Literario, Seis momentos lapsos (Trelew)―.

15. Para Julia Kristeva: función intertextual que se materializa en los diversos niveles de la estructura de cualquier texto y que condensa el pensamiento dominante de una determinada sociedad en un momento histórico.

16. A las referencias citadas sería posible agregar: Irma Cuña. Identidad y Utopía. Neuquén: Editorial Educo, 2000. María Eugenia Correas y Sergio Mansilla (Selección y prólogos). Abrazo Austral. Poesía del Sur de Argentina y Chile. Chile: Desde la Gente, Chile, 2000. Niní Bernardello (Selección, prólogo y notas). Cantando en la casa del viento. Poetas de Tierra del Fuego. Comodoro Rivadavia: Editorial Universitaria de la Patagonia, 2001. Ernesto Livon-Grosman. Geografías imaginarias. El relato de viaje y la construcción del espacio patagónico. Rosario: Beatriz Viterbo Editora, 2003. Juan Carlos Moisés. “Escribir en la Patagonia”, en revista El Camarote N° 3, junio/julio 2004, Viedma (Río Negro). Ariel Williams. “Campo literario patagónico: políticas, zonas, territorios”, Ponencia en las 1º Jornadas de Literatura Argentina en la Patagonia, 16 al 18 de junio de 2004, Universidad del Comahue (Neuquén). Héctor Raúl Ossés. Patagonia, ficción y realidad. Buenos Aires: Terra Incógnita, 2005. Concha García (Selección y prólogo). Antología de poesía de la Patagonia. Málaga: Centro de Ediciones de la Diputación de Málaga, 2006. Raúl Artola (Compilador) y Mónica Larrañaga (Estudio preliminar). Poesía/Río Negro. Antología consultada y comentada. Viedma: Fondo Editorial Rionegrino, 2006. Ricardo Costa. Un referente fundacional. Las letras neuquinas (período 1981-2005) y su (in)transferencia al campo educativo. Buenos Ares: El Suri Porfiado, 2007. Silvia Estela Casini. Ficciones de Patagonia: la construcción del sur en la narrativa argentina y chilena. Rawson: Fondo Editorial Provincial Chubutense, 2007. Héctor Raúl Ossés. Patagonia. Ficción y realidad. Mitos y certezas de navegantes y aventureros. Ushuaia: Zagier & Urruty Publicaciones, 2008. Luciana Mellado. “Patagonia se dice en plural: algunas cartografías literarias de la Patagonia (Circa 1960- 2000)”, II Jornadas Nacionales de Investigación en Ciencias Sociales, del 13 al 15 de noviembre de 2008, Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (Sede Trelew). Marcelo Eckhardt, “Literatura entre fronteras (narraciones del desplazamiento)”, II Jornadas Nacionales de Investigación en Ciencias Sociales, del 13 al 15 de noviembre de 2008, Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (Sede Trelew). Jorge Spíndola, “Poesía mapuche y fronteras culturales”, II Jornadas Nacionales de Investigación en Ciencias Sociales, del 13 al 15 de noviembre de 2008, Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (Sede Trelew). Ariel Williams, “Las prácticas intelectuales en la Patagonia: memoria e impronta”, II Jornadas Nacionales de Investigación en Ciencias Sociales, del 13 al 15 de noviembre de 2008, Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (Sede Trelew). Cristian Aliaga. Desorbitados. Poetas Novísimos del Sur de la Argentina. Buenos Aires: Fondo Nacional de las Artes, 2009. Ángel Uranga. El Eco de la letra. Escritos al margen. Ensayos patagónicos 1997-2011. Buenos Aires: Tela de Rayón, 2011.

17. Viviana Ayilef, “El patrocinio de los lugares comunes (Señales del tránsito literario en Patagonia)”, en revista Museo Salvaje N° 24/25, verano 2010/2011, Santa Rosa (La Pampa), p. 29.

18. Claudia Sastre resalta el empleo de recursos epistemológicos para estudiar la literatura de la Patagonia y en su texto “La mitad secreta del mundo” se lee: “En el ámbito de la crítica literaria hemos coincidido algunos investigadores, en la cuestión de la singularidad de nuestra literatura, que exige un aparato crítico diferente al de la literatura nacional. Este aparato crítico se está formando, pero nuestra literatura, por su características, exige a los críticos trabajar con métodos poco ortodoxos, con cierto grado de ‘antropofagia teórica’, como bien lo definió el poeta e investigador pampeano Sergio De Matteo” en http://www.librodearena.com/blog/postsCategoria/2730/2519.

19. “…ya no significaría un conjunto de pautas culturales ya dado, un ergon, sino el proceso mismo de su hacerse ―enérgeia― y no de cualquier modo (pues también categorialmente pueden estudiarse las culturas en este trance), sino de suerte que este ‘hacerse’ tenga un alcance práctico tal que, en él, quedemos incorporados nosotros mismos…”, Gustavo Bueno Martínez. El papel de la filosofía en el conjunto del saber. Madrid: Editorial Ciencia Nueva, 1970, p. 38.

20. http://es.calameo.com/read/000750551ed5e0fff6e73.

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Descripción del Autor

Sergio De Matteo

Sergio De Matteo

(Santa Rosa, La Pampa, 1969). Poeta, ensayista y periodista cultural. Ha publicado las plaquetas Soles violentos (1995); Absurdo / Absoluto (1996); y los libros Ozono (1997); Criatura de mediación (2005); El prójimo: pieza maestra de mi universo (FEP, 2006) y Diario de navegación (2007). Es presidente de la Asociación Pampeana de Escritores y dirige el programa radial “El estado de las cosas”.

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