Insurrección de los valles

http://www.excentrica.com.ar/wp-content/uploads/foto-insurreccion.jpgInsurrección de los valles

Algunos poemas del último libro del poeta salteño Marcelo Sutti

 

A la sombra de falsos arrayanes

Los Laureles consagran vaticinios.

Saben que cuando pasa Pulares

llega como una Tiara

la Cuesta del Obispo.

Entonces desperezan

su transición de nuez y de mantillo

y se quedan con todos los sentidos

en adobe cocido por el calor humano.

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Por una mutación de suelo a tierra

El Maray y su verde paquidermo

domina un horizonte que no existe.

Sobre su falda,

ovejas destejen rutinas del rebaño

y el pastor las observa

con un hilo de bruma y de nostalgia.

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Como un río carmesí que se desmadra

así el camino va por El Churcal

al pueblo de Molinos.

Condimentan chañares y algarrobas

los colores que irradia Tiu Pampa.

Mimetizan la boca los pimientos

y el sabor

sobre las dos orillas se desangra.

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No hay otoño en este punto del planeta.

Sólo se pone verde

un sendero de musgo en la vertiente.

Suelo vedado a la hojarasca

y a la putrefacción de la madera,

entonces los cadáveres

conversan todavía

porque en el fondo,

siguen siendo una eterna primavera.

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Desde un cuenco diaguita

el perro bebe agua de cobre.

No sabe que su lengua

lame las manos del rústico alfarero

ni que besa la boca del cazador hambriento.

Otras lenguas debaten

si Colomé es un prófugo del valle

oculto en el Museo de las Luces,

o el museo se oculta en Colomé

para nunca alejarse de los valles.

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Los álamos de la Finca Gualfín

peinan la cabellera de los cerros.

Se apresura el ganado al bebedero

atraído por el color del agua.

Sobre un barranco,

los loros son el árbol y sus frutos.

El minuto que pasa

no pertenece al tiempo.

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Pega el frío. Rompe labios

y amorata a quien lo desafía.

El humo beatifica

la noche de los ranchos.

Se confunde el sudor con el vapor del agua

porque regresa el padre trashumante

con un puñado dulce en el bolsillo.

El aliento a salitre y a vinagre

justifica sus miedos.

Una risa de fiesta son los niños

cuando ven que a la mesa

no esta invitado el hambre.

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Tan cercana parece aquella guerra:

alianza de codicia con la muerte.

El oro de los valles es una lámina

adherida a la piel de los que viven.

Apenas un puñado de condecoraciones

fue el tesoro fugaz de la conquista,

la piel,

no les sirvió de nada.

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A la hora de la siesta

el vuelo de un halcón dibuja el éxtasis.

Puede tocarse el filo de los cerros

con igual parsimonia

que el ave detenida por un soplo.

Rompe el silencio

la emboscada del el átomo

cayendo en una pluma.

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El río baja su catarata de horizonte

desde el párpado abierto de la puna.

Engordan su silueta las vertientes

bordadas por el hilo de la lluvia.

Cambia nombres,

se viste de Urubamba

llegando a la estación de Alemanía

y como un tren descarrilado sigue

torciéndole las vías

hasta que la llanura de Guachipas lo contiene

en el Cabra Corral

y su cielo de agua sometida.

 

 

Marcelo Sutti vive en Salta. Tiene editado en poesía Desde entre las espinas (1980), Crepúsculo de tierra (1993), Marcapasos (2011), Viaje quieto (2011), Libertad vigilada (2012). Sonetos imaginario (en sistema braille, 2014), Cuento a gotas (2015), Dípticos (2016) e Insurrección de los valles (2018). Fue integrante de la Orquesta Sinfónica de Salta y Profesor en la escuela Superior de Música de Salta.

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