La lengua política de Pedro Lemebel

http://www.excentrica.com.ar/wp-content/uploads/FB_IMG_1557092133049.jpgLa lengua política de Pedro Lemebel

Un breve ensayo de Natalia Neo Poblet sobre el gran escritor chileno.

 

 “Ahora, cuando la pobreza disfrazada por la ropa americana ya no quiere llamarse pueblo y prefiere ocultarse bajo la globalidad del término “gente”, más plural, más despolitizada en las encuestas que suman electrodomésticos para evaluar la repartija del gasto social en las capas de menos ingresos. Y todo es así, para un mejor vivir están las líneas de crédito que permiten soñar en colores, mirando el catálogo endeudado de un bienestar a plazo[1].

La lengua de Lemebel es política. Su escritura aborda la marginalidad de los travestis, el sida, la homosexualidad, la prostitución y el mundo gay en los diferentes barrios. Sus crónicas son contestarias a la derecha y denuncian los discursos hegemónicos. Las paradojas de la vida hicieron que fuera perdiendo su voz por un cáncer de laringe muriendo a sus 62 años, un 23 de enero del 2015. Nos quedó su escritura irreverente y la resonancia de su voz.

Escribe en sus crónicas “…leer y escribir son instrumentos de poder más que de conocimiento[2].

El discurso social hegemónico tiende siempre a la segregación, promoviendo la homogenización y suprimiendo el modo de goce de cada ser hablante. El eslogan de la globalización es “Todos gocemos del mismo modo”, generando la segregación de lo diferente y produciéndose como efecto una violencia en cada singularidad al no haber espacio para “lo extranjero”.

A su vez, lo segregativo reinstala la diferencia que la homogenización del mercado global tiende a anular. Lemebel enfrentó la homogenización de goce, el orden social y moral establecido. Su lengua subversiva fue una respuesta a esto e hizo de su lengua política un medio de lucha.

“Aprendo la lengua patriarcal para maldecirla”[3].

Lemebel no quiere ser cómplice de ningún tipo de silenciamiento. Escribe en el deslinde, su voz intenta nombrar lo que no pertenece al habla para hacerlo existir. Emplea sus crónicas como una forma de visibilizar lo disruptivo, lo minoritario y lo segregado.

Muchos son los silencios impuestos por la cultura grafóloga a las etnias orales colonizadas, pero aprender a leer esos silencios es reaprender a hablar. Usar lo que omiten, niegan o fabrican las palabras, para saber qué de nosotros se oculta, no se sabe o no se dice. Ese silencio es nuestro, pero no es silencio; habla como una memoria que exorciza las huellas coloniales y reconstruye nuestra dignidad oral destrozada por el alfabeto[4].

Él se alinea con lo que está en el margen y lleva a cabo una militancia tanto con lo indígena como con las minorías sexuales, tampoco deja de nombrar la informalidad laboral y la vulnerabilidad que esto produce. Sus crónicas son una estrategia de poder, pero también de lucha y de resistencia. Ellas tratan sobre lo disidente, lo segregado, lo marginal, lo vulnerable, lo minoritario: lo político. Plantean una lucha social y por tanto de clases, en un Chile que fue tomado durante muchos años por la dictadura y el totalitarismo.

Desde ahí los años se despeñaron como derrumbe de troncos que sepultaron la fiesta nacional. Vino el golpe y la nevazón de balas provocó la estampida de las locas, que nunca más volvieron a danzar por los patios floridos de la Unctad[5].

La historia mordida, aún amordazada por la indiferencia y el trámite democrático[6].

Lemebel apuesta a lo político de la palabra porque sabe que es ‘con y ‘desde’ el lenguaje que se influye en las construcciones y en las deconstrucciones sociales. Sus crónicas también hacen resistencia a la normalización y a la libertad en el amor. Su amor, su sexualidad, su cuerpo y su lengua son militancia LGBTIQ.

Tal vez esta agrupación, doblemente segregada por ser mujeres y además lesbianas, no sólo recibió la agresión del patriarcado, también fueron expulsadas de una agrupación feminista en aquellos años, cuando no convenía mezclar las cosas, y que se confundiera feminismo con lesbianismo. Ahora casi no importa, ya que las dos causas están igualmente estigmatizadas[7].

Su lengua provoca un corrimiento cultural al despatologizar y al no estigmatizar; va contra el consumo y el individualismo.

Sería fácil condenar este consumo del cuerpo femenino diciendo que es un refinado puterío de remate público. Sería obvio apuntar con la uña sucia de la moral este negocio erótico de los nuevos tiempos. Pero las únicas perjudicadas serían las chicas que llegaron a este oficio con sueños de gloria[8].

Su lengua va contra una exclusión disciplinante. Su “hermandad travesti”[9] va haciendo un tratamiento de “lo otro”. Logra visibilizar el horror social a través de su discurso obstinado e insobornable.

En el año 1986 leyó en una reunión política de izquierdas “Hablo por mi diferencia”, Manifiesto que atestigua su militancia y es la antesala al dúo que formó, al año siguiente, con Francisco Casas con quien se dedicaban a interrumpir sorpresivamente eventos culturales. Se nombraban: “Las Yeguas del Apocalípsis”.

Pero eran tantos, y era tanta la violencia sobre su cuerpo tiritando. Eran tantas fauces que la mordían, la chupaban, como hienas de fiesta; la noche sin luna fue compinche de su vejación en el eriazo. Y ella sabe que aulló pidiendo ayuda, está segura de que los vecinos escucharon mirando detrás de las cortinas, cobardes, cómplices, silenciosos. Ella sabe que toda la cuadra apagó las luces para no comprometerse. Más bien, para ser anónimos espectadores de un juicio colectivo[10].

Lemebel le dio voz a las minorías y a todos aquellxs que callaron y silenciaron, en un Chile tomado por la dictadura, porque sabía que la mayor lucha es hacerse escuchar. Lemebel, tomó la palabra con su escritura y con su cuerpo.

“Devengo coleóptero que teje su miel negra, devengo mujer como cualquier minoría”[11].

 

Natalia Neo Poblet nació en Buenos Aires es psicoanalista y lectora. Licenciada en Psicología U.B.A. (2000). Se dedica a la Clínica y a la conexión entre Literatura y Psicoanálisis. Autora de diversos artículos en Libros, Revistas y Diarios entre ellos Página/12. Compiladora y autora, junto a Guido Idiart, de los libros: Lalengua en la poética del cuerpo (Letra Viva, 2018); El arte de lo real (Letra Viva, 2016) y La máquina des-escribir. El sujeto entre líneas (Letra Viva, 2014). Junto a Laura Galarza tienen un Canal de YouTuBe La Solapa de Laura y Nati donde recomiendan libros de literatura.

 

Natalia Neo Poblet. Fotografía de Carla Aquilanti

 

 

[1] LEMEBEL, Pedro, Poco hombre. Crónicas escogidas, Ediciones Universidad Diego Portales, Colección Huellas, Santiago de Chile, 2013, p. 50.

[2] Ibid, p. 42.

[3] Ibid, p. 165.

[4] Ibid, p. 42.

[5] Ibid, p. 92.

[6] Ibid, p. 105.

[7] Ibid, p. 116.

[8] Ibid, p. 72.

[9] Ibid, p. 165.

[10] Ibid, p. 75.

[11] Ibid, p. 165.

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