La mejor ruta

La mejor ruta

2 poemas del poeta mexicano, Jorge Contreras Herrera.

 

La mejor ruta 

El niño que fui apareció repentinamente en mi hijo,
con él, un tiempo nuevo de tecnología inaudita.

La distancia a mi niñez está llena de polvo
y miedo a las brujas escondidas detrás de los magueyes
que chupan el estómago de los infantes.

Miedo a los robaniños, al cincuate y a los alacranes.
Miedo a las maestras que golpeaban en el salón
por no cumplir con la tarea,
miedo a la vara del pirul que levantaba la piel.
Aún estoy ahí en aquel tiempo
viendo en la noche las formas espectrales de los árboles,
las estrellas para que alguna cayera
rebotando en la atmosfera con su cola fulgurante para pedir el deseo
“no lo digas a nadie para que se cumpla”.

Pienso en los que nacieron deformes
animales y niños por lo que después supe,
fue por las varillas radiactivas enterradas en Maquixco.
En mi tío Valentín, que le dio cáncer,
en mi hermana que le dio cáncer,
en mi prima que le dio cáncer
y no debe ser coincidencia.

En mi infancia íbamos por agua en burro
o una pipa llenaba la cisterna.
Los niños del rumbo
nos bebíamos el aguamiel de los magueyes
y juntábamos chinicuiles en tardes de lluvia
donde el estruendo de los truenos de agosto
despertaba a los subterráneos huéspedes.

Pienso en el viaje a Juquila con la familia
para suplicar el milagro en el cerro del pedimento.
La virgen de Santa Catarina,
Una mártir de la inteligencia que le cercenaron los senos.
Me decían que el rumbo era seguir el lucero más brillante,
Venus, supe su nombre y el de cada planeta visible.

Recuerdo formar con barro la figura de una pareja:
era yo y una mujer que nunca ha llegado o no se ha quedado.
Ese fue mi deseo y no pasaba mi edad de los siete años.

Fue después del temblor de 1985
que al pueblo llegó una niña. Emma.
Ella arreglaba mi cuello de la camisa y yo volaba.
Después, no la volví a ver.
Fue mi epifanía de infancia.

He pensado lo que significa vivir.
Quién no lo ha hecho.
Mirar las flores,
el cielo, las estrellas, los insectos.
Todo, todo parece vibrar con armonía,
atributos de lo perfecto.
Buscamos un significado:
una flecha que diga a donde dirigirnos,
una rosa de los vientos,
una brújula de mano,
un astrolabio, una estrella para andar la mejor ruta.

El ave extiende sus alas
y vuela como si comprendiera al viento.
Quizá ni el ave ni el viento lo saben.

Alguna frecuencia es la realidad.
Ver las formas o la energía.
Lo invisible o lo denso.
Quiero un significado.
Entender.
Veo en mi hijo al niño que fui, o al niño que soy
Y trato de entender la mismidad y la otredad:
Trazar la mejor ruta.

 

 

Breve biografía inconclusa

Confundí el abandono, el rechazo, la sopa de espinas
el vinagre, las hierbas amargas, los golpes de infancia.

No era amor lo que buscaba y buscaba amor.

Encontraba quien me hiciera otra herida
para culpar por lo amargo,
e hiciera el nudo y quitara la silla.

Busqué la imposible, mi alma perdida
tal como el mito de Eurídice y sus clavículas.

Culpé la serpiente y al talón.

No mires hacia atrás si quieres recuperarla.
No era una mujer a quien había perdido,
era mi voluntad.

No quería escribir poemas,
yo quería jugar futbol, aunque tampoco me gustara,
quería cantar y nunca pude aprender una canción.
Todo me rechazaba, incluso yo.

Eran los vientos del exilio
La tormenta y las olas en un naufragio.
Y aquí estoy.
Aun no soy viejo. Tengo 43 años
y dejé de contar las monedas que dejé en algún saco,
en los pantalones gastados.
Algún billete en medio de un libro
para esos días que necesito cigarros.
Vivo en la misma casa que mis padres y un hermano.
La parte que nos toca más un baño.

Estoy solo. Soy insoportable.

Quisiera reírme de los chistes que cuentan en las reuniones,
aplaudir la gracia que hace el perro,
apasionarme como un fanático a un deporte.

Y quisiera, se los juro,
enamorarme y salir los domingos al parque.

Quisiera no pensar en el alma,
o salir de aquí, de esta ilusión.
Temo profundamente en la existencia del destino.

Que todo está escrito.
No he leído el final de mi vida
para no adelantarme de capítulo.

Ustedes, —no todos—, estamos más allá, en un futuro
de esto que llamamos vida
y no es más que una posibilidad.
Creo que la existencia es esto.
Todos los tiempos suceden, fluyen como el río.
Si veo río arriba veo el pasado
Si voy a su final, veo el mar, su futuro. Y todo está.
Todo está fractalmente conformado.

Esto lo escribí el siguiente año.
Comprenda lo que sucede:
una puerta aparece donde antes había un muro,
El futuro ya pasó, el pasado está por suceder.

Soy de emociones que aturden mi mente un tiempo
y no veo la tormenta creyendo que son aguas calmas.
El silencio me llama al fondo del ruido.

Deja de gustarme el poema que me emocionó hace un año,
le habré puesto signos donde no iban
o escuché mal el dictado y veo el monstruo tomando vida.

Cambio el pasado. Soy un anhedónico. No siento nada.
Es verdad que miento. Me apasionan muchas cosas.
Cambio el pasado. Soy un Hombre en paz.

Tengo los zapatos rotos, es mi excusa para no salir a correr.
El calor en esta habitación derrite la cera
de las velas que compré en Navidad.

Escucho canales de YouTube,
Chet Baker, bekanze bekanze,
mantras budistas que vuelan la cabeza.
Quiero abrir el tercer ojo como aquella vez
que me sentí Buda
dentro de un mandala que se movía en mi conciencia.

La sensibilidad toca notas profundísimas.

Después de un relámpago, escucho un trueno.
El trueno se ramifica en resonancias infinitesimales,
El relámpago va recorriendo mi sangre.
Arbóreo sonido de la luz.

Leo un poema de Dylan Thomas:
“I have longed to move away
From the hissing of the spent lie”.

Quizá Neruda estaba leyendo este poema
cuando escribió Walking a Round.
Y es verdad.
Estoy cansado del interés que debe haber en todo.
Cansado de justificar que se debe a la condición humana.

Pienso en Dylan y Ezra, en su CANTAR XLV;
la usura, la avaricia y la porquería que engendra la mentira.

Debo alejarme, he pensado en dejar de fumar,
no me queda mucho, prefiero el humo que la hipocresía.

No fumo, dejé de fumar en los versos pasados.
Releo lo escrito y veo una fluctuación de conciencia.
Estaba escribiendo un poema, y ya no sé qué edad tengo.

Jorge Contreras Herrera (México 1978). Poeta.Ha publicado catorce libros de poesía: Vedo un coniglio guardarmi dalla neve, y Breve biografía incompiuta, Deshoje del Mundo, ¿Quién Soy Otro sino Tú?, Inventario de Caricias, Hojarasca, Entre otros.Participó en antologías internacionales y nacionales.
Director del Festival Internacional de Poesía Ignacio Rodríguez Galván. Miembro del comité del Festival Internacional de Poesía de la Habana y Presidente Honorario Para El 2018. Coordinador editorial del gobierno de Tizayuca, Hidalgo, México.

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